Sa Caseta

Vivienda particular

Mallorca

Balearic island

Y de repente se hizo la luz…

Cuando visitamos por primera vez esta finca nunca imaginamos que tras sus 2000m2 se esconderían tantas sorpresas. Nunca una primera cita nos había supuesto tanta adrenalina, y es que nos enfrentábamos a lo que sería una transformación muy personal. Nada mas y nada menos que el lugar que yo misma, Nagore Toribio y mi compañero Alfredo Primo convertiríamos en hogar. Tras más de 2 años de búsqueda al fin encontramos este diamante en bruto.

En este proyecto colaboramos Olga Lecina, decoradora y socia, además del talento de la arquitecta Ester Morro, buscando dos objetivos principales: luz y sostenibilidad en cada uno de los elementos que compusieran este hogar.

A primera vista una no se hubiera enamorado, pero con un poco de visión y respeto por los elementos estructurales, nos dimos cuenta que un encantador retiro se escondía entre limoneros y naranjos.

Se instalaron grandes ventanales de hierro en todas las estancias provocando que el jardín se convirtiera en una extensión de la casa. Se mantuvo la bovedilla original aportando textura y honestidad a cada espacio. Para el suelo se utilizó madera de pino antiguo que el mismo Alfredo instaló. Aquí jugábamos con ventaja al tratarse de un experto artesano en el tratamiento de este material. Esto aportó calidez y junto a las alfombras vintage traídas desde Estambul, de más de 3metros, colocadas en el salón y habitación principal, conseguimos generar ese sentimiento de hogar. Para la iluminación, seleccionamos lámparas de estilo industrial danés y alguna pieza única de carácter rústico, como la lámpara del dormitorio principal, escogida en nuestro último viaje a Marruecos. Los textiles y cortinas de la casa en lino y algodón. Baldosa hidráulica original con la que crear un pasillo y conectar la habitación de invitados con la casa principal. El mobiliario de líneas sencillas, fabricado en madera, gran parte por el mismo Alfredo @rootsmallorca, mezclando piezas de artistas como @ardaxka.

Y así es como esta historia de amor termina, con la certeza de que al llegar a Sa Caseta uno se siente como en casa, palabra!